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Alejandra, barrio Arroyito Oeste

La situación económica del barrio está bastante jodida porque acá la mayoría son albañiles y no están trabajando. Hay mucha gente que tiene lo justo. Madres que están solas y cobran la asignación solamente. Entonces, se la rebuscan yendo a los comedores.

Para cuidarnos tomamos las medidas de higiene, limpiamos con lavandina y se usan los barbijos. También les damos jabones a las familias para que tengan para higienizarse. Algunos no tiene agua pero se comparten entre los vecinos. En el barrio no hubo casos de coronavirus pero sí tuvimos casos de dengue.

Hace tres meses que estamos haciendo la copa de leche “Barrio que lucha” en Arroyito Oeste y ahora también empezamos con la comida. Somos 10 chicas las que preparamos los alimentos y la repartimos a 250 chicos. Recibimos algunas donaciones y también ayuda de los ex-combatientes. Pero la cuarentena afectó mucho al barrio.

Lo vemos porque están viniendo personas que nunca te imaginarías que vendrían a pedir. Están necesitados. Gente que toda su vida trabajaron y ahora no están llegando. Nos llama la atención, porque son muchos. Antes iban cayendo de a uno. Últimamente hay cola para retirar. En el comedor, el otro día hicimos la olla de 100 litros y no alcanzamos a darles a todos. Y la leche, estamos haciendo dos ollas para poder darles a todos porque no se llega. Hay otros lugares que ayudan, como el Club y la escuela de Juan B. Justo. Pero no alcanza.

Historias dentro de historias. Los muchachos del barrio también cocinaron. Los hombres del barrio suelen irse todos los años, en octubre, a Pinto (Santiago del Estero) a un torneo de fútbol… y empiezan a juntar la plata para viajar desde enero. Este año decidieron donar esa plata que juntaron para darles de comer a los vecinos. Ellos mismos hicieron el arroz amarillo y fueron casa por casa avisando que fueran a buscarlo.

— Dicen que “el mundial del potrero” comenzó hace muchos años atrás, casi por casualidad, a iniciativa del Club Atlético Social Pinto. Con los años fue creciendo. Hoy por hoy, llega a reunir a 200 equipos que viajan desde distintas provincias y localidades. El torneo dura 48 horas. Se juega sin parar, en 4 canchas de 11. Entonces, hay partidos durante toda la madrugada. La sensación es compartida: “para un jugador de barrio, jugar en Pinto es lo máximo que le puede pasar”.

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