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Carlos, San Martín Sur

Estamos en San Martín Sur, San Martín al fondo le decimos nosotros, en el merendero Sonrisas. Pero hoy nos encontramos para preparar un rico arroz con pollo porque si bien esto es un merendero, un lugar donde le damos la merienda a sesenta chicos, cuando empezó la cuarentena creció la necesidad. Por esto tuvimos que apresurarnos y hacer algo más. Y arrancamos con la cocina por iniciativa de un grupo de chicos que se reúne acá enfrente. Y dijeron: “¿por qué no le cocinamos algo a los vecinos?” y bueno, ese fue el puntapié para que el merendero se sume a ellos. Hoy cocinamos dos veces a la semana, para 120 personas y sostenemos el merendero una vez por semana.

Arrancamos con lo que teníamos, poniendo un poco cada uno. Así se sustenta el merendero, con lo que pone cada familia. Lo poquito que cada vecino puede poner, lo repartimos en el barrio. Ahora también recibimos donaciones que nos traen. Y sumamos el apoyo de otras organizaciones, sobretodo en elementos de higiene, porque esas cosas cuestan y no teníamos. Estas ayudas son de grato apoyo porque nos ayudan a aliviar las cargas a cada uno de nosotros, entendiendo que no todos estamos trabajando. Y cuesta llevar adelante todo esto.

La situación del barrio está muy complicada, porque la gran mayoría dejó de trabajar y muy poquitos cobran apenas la mitad del sueldo. Por eso se duplicó la cantidad de personas que vienen a retirar la comida y la merienda. Uno ya entiende la situación, lo que es la crisis que estamos viviendo no sólo en el país sino en el mundo. Creo que lo que está haciendo fuertes a los comedores hoy en día, y lo que permite que las personas estén llevando adelante sus familias, es la unión. El esfuerzo para garantizar el sustento del barrio y de la familia lo hacemos todos juntos. Si no nos ayudamos entre todos, es difícil. Por eso el lema de nuestro merendero es “merendero sonrisas”, porque cuando llega la copa de leche las sonrisas de los chicos es lo que alimenta el comedor.

La situación difícil la vivimos todos, no sólo nosotros. Es algo nuevo para todos. El no poder salir. Miramos el predio que tenemos acá enfrente y nos sorprende que no estemos ahí, jugando un partido. Pero lo bueno que pudimos sacar de todo esto es que nos pudimos conocer más con las personas del barrio. Se han acercado vecinos que a lo mejor hace treinta años que vivían acá y con los que nunca habíamos hablado. Eso es lo más lindo, porque las personas entendieron que la situación no los afecta a ellos solos sino que es difícil para todos. Las personas empezamos a entender que solos no salimos. Acá, por ejemplo, tenemos chicos que quizás en otro momento, antes de la cuarentena, los veías en una plaza, en una esquina reunidos. ¿Y uno qué piensa? Piensa lo malo: “ahí está el juntadero”. Pero en cambio nosotros vemos que ayudan, que están, que se prestan para hacer algo bueno. Eso es lo que nosotros empezamos a notar en el barrio. La humildad de las personas.

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