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Mario Di Filippo, Zona Oeste

En mi vida, esto de la cuarentena es algo totalmente nuevo. Vivimos la gripe A en 2009, pero fue algo completamente distinto. En cuanto a la gente en general, a veces se ve poca voluntad de hacer caso a las medidas oficiales. Y muchos se quejan porque las medidas se tomaron con el diario del lunes, pero eso fue así en todos los países (Italia, Alemania, EEUU, Irán, etc.) y los resultados que tuvieron son distintos. Entonces, sin estas medidas nuestra situación sería mucho peor.

En los barrios del oeste de Rosario es complicado llevar adelante estas medidas, porque es la zona más pobre de la ciudad y con menos infraestructura. Hay barrios que no tienen agua, donde va la cuba una vez por semana, si todo sale bien. Hace unos días, caminaba por barrio Quinta y me preguntaba “¿Qué pasaría si hay un brote del virus acá?” En un barrio de casas de chapa, con muchas familias hacinadas, mal alimentadas. ¿Qué pasaría? Cuando se habla de población de riesgo, hay que hablar también de quienes viven hacinados y mal alimentados. Estamos hablando de 500 personas en un radio de dos cuadras.

La primera enseñanza es que tenemos que ver el mundo de otra manera. Nos tenemos que dar cuenta de que no puede haber más pobreza. Porque ahora, además de sobrevivir a la pobreza, también tenemos que sobrevivir a una pandemia. Es caótico y preocupante. Como Ciudad Futura nos estamos ocupando en la medida que podemos, fuimos tomando medidas efectivas que tienen que ver con la producción y distribución de alimentos, ayuda a productores, gestionar comedores y copas de leche, garantizar el agua y productos de limpieza para lavarse las manos. La gente que vive de la changa, de limpiar vidrios, de juntar cosas en la calle, la está pasando mal. Pero lo fundamental, además del trabajo, es la asistencia en la alimentación. Podés lavarte las manos y usar barbijo, pero si comes mal el sistema inmune está bajo y cualquier virus te agarra. Somos un blanco facilísimo en los barrios.

Ayer hablaba con una compañera, Rosa, que coordina un comedor donde van 500 personas. Me contaba que no le estaban llegando mercaderías para cocinar, por problemas de la provincia y la municipalidad. A mí no me gustaría estar en el asiento de las autoridades en este momento, pero hay que decir que a veces con un micrófono anuncian muchas cosas que después no pasan. Y creo que tienen que ser más cautelosos, por lo que significa. No decir algo que no vaya a suceder, porque si no se hace más difícil.

En el barrio somos conscientes de lo que significa el cuidado, pero son tantas las necesidades atrasadas y con esto, todo junto, te termina pasando por encima. Hay gente sentada en la puerta, tomando mate, en ese aspecto se hace vida normal, por decirlo así. La violencia en la calle bajó, pero no dentro de la casa, en lo que hace a la violencia machista, que es algo muy difícil de cambiar. Por eso, para que la cuarentena y el cuidado sea efectivo en serio, hay que asistir día a día, hay que sostener los espacios comunitarios para facilitar la tarea. Y al mismo tiempo, además de asistir, hay que entender que esto no puede seguir siendo así, que en el siglo XXI no puede haber barrios sin agua, o gente viviendo en casas de chapa. Esto no puede suceder más.

Dentro de todo lo malo, lo bueno que veo es que hay muchos vecinos voluntarios, que se ayudan entre sí. Está empezando a darse un cambio de conciencia en la mayoría sobre lo que significa colaborar, poner el pecho, caminar esas zonas que antes nadie quería caminar. Es lo más positivo. Esperemos que cuando esto termine, ese cambio de conciencia sea mayor. Personalmente, creo que hay muchas cosas que tenemos que cambiar. Entender que si no es con vos, no es. Tenemos que cambiar la forma de vida, la forma en la que nos comunicamos y convivimos con el otro. Creo que esto es una bomba que dice “despiértense, porque la próxima me los llevo a todos”.

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