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Susana Fernandez, Puente Gallego

Vivo en Puente Gallego, pero en la parte de atrás del barrio, sobre la vía. Esta zona existe desde hace más o menos 25 años, hay gente que vive desde esa época y otros hace menos. En mi caso, hace 9 años que vivo acá, donde me arraigue, construí mis raíces.

Empezamos la copa de leche cuando se agudizó el tema de la falta de trabajo, aproximadamente a finales de 2017. Ahí empezó la lucha realmente. Antes cuando alguien necesitaba ayuda para algo en particular, si algún vecino necesitaba, o si queríamos hacer una olla popular la hacíamos porque era costumbre, o porque queríamos comer algo en comunidad. Porque esto no es un barrio, es una vecindad. Si vos necesitas una cebolla, alguien te la alcanza. Es más tirando a familia la forma en que nos relacionamos, porque sufrimos lo mismo y necesitamos lo mismo. Pero la lucha en serio comenzó en 2017 cuando ya la gente volvía sin trabajo. Y después seguimos porque nunca paró la pobreza sobre lo que menos tienen. Ahora con la pandemia se agudizó.

Nosotras empezamos directamente con la comida, comenzamos a cocinar. Como una simple copa de leche. Primero lo hicimos con cosas propias y comprando las mercaderías con nuestros ingresos. Comprábamos menudo, carcazas. Pollo no, porque no llegábamos. Así se fue formando este comedor. Comenzamos trabajando entre algunos vecinos, pero somos las mujeres las que lo hicimos y estamos más afirmadas en todo esto. Después llegó Ciudad Futura, en 2018, y nos sostenemos entre todos. El comedor se llama “El arco iris de la abundancia”, y son aproximadamente 23 familias que vienen siempre. La prioridad son los niños, pero sabemos que los padres, madres, abuelos o algún familiar también tienen que comer y no les vamos a negar un cucharon más. Eso no lo hacemos. Cocinamos con leña, como todo el barrio, porque la mayoría no tenemos garrafa.

Acá la cuarentena se vivió dentro de todo bien, porque las casas no están pegadas, hay espacio, no estamos encerrados, nos ventilamos bastante. Además, la gente tomo en serio el tema de la limpieza, porque nos tocó a todos. Es como cuando éramos chicos que nos decían “lávate las manos por los virus”. Hoy lo estamos entendiendo, hay que limpiar más, no juntar basura. El tema es que nos sacaron los contenedores y tenemos que quemar la basura y eso no está bien. Todos acá saben que es una necesidad para no contagiarnos. Y hay que decir también que, aparte del coronavirus, nos preocupan los mosquitos, que hay muchos y nunca vino nadie a fumigar. Acá hay mucha maleza, que también nos ocupamos y la cortamos por nuestros propios medios.

Económicamente, la situación es gravísima. En Puente Gallego la gente trabaja de changas, arreglan artículos del hogar, limpian zanjas, casas, parques, reciclan, pero ahora todo eso no se puede. No pueden salir los vehículos, y las empresas que compraban ya no vienen. No hay ingreso. Mi esposo tiene empleo en una empresa de electrodomésticos pero no está trabajando, entonces no tenemos sueldo, depositan cuando les parece y lo que les parece. Es preocupante. Cuando faltaba el trabajo vos te tomabas el colectivo y hacías changas para comer. Ahora no podemos salir.

Podemos llegar hasta Ovidio Lagos y volver, solo para comprar o ir a un cajero. Pero de ahí más nada. Y lo cumplimos, sobre todo los grandes que tenemos que cuidarnos más porque somos población de riesgo. Yo veo nos hicimos más solidarios en esta crisis. Estamos menos egoístas. Y no es algo que pasa acá en este barrio, nos tocó a todos. Estamos hablando de la muerte. Sabemos que si salimos estamos exponiendo nuestras vidas y la de otro.

Mis padres me enseñaron amar la celeste y blanca, el lugar donde me toco nacer y vivir, y ellos siempre lucharon y los vi luchar. Es su legado, y lo voy a seguir haciendo. Sale de mi corazón, este es mi barrio, mi familia. Y no hablo solo de mi sino de muchas mujeres que hacen lo mismo en otros barrios, con más problemas que este. Hay grandes mujeres que no conocemos porque están calladas, pero hacen muchísimo.

Sé que hubo gobiernos buenos y malos, pero en este momento no se trata de quien gobierna, sino de hacer bien las cosas. Para salir de esto tenemos que unirnos. En este barrio conozco a casi todas las mujeres que trabajan en comedores y centros comunitarios de distintas organizaciones, y nos respetamos, mucho, mas allá de las banderas. Después de esto, de lo que nos pasó y nos pasa, está claro lo que hay que hacer. Todo esto que pasa, a los argentinos y latinoamericanos, nos va a cambiar seguramente, no sé de qué forma, pero va a haber un cambio. Vamos a apostar más a la ciencia, a la solidaridad, a estar preparados. Se ha utilizado el dinero para destruir, no para construir.

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